Capítulo 13
“Waterless Embalming”: ¿Es Realmente Necesario?


El embalsamamiento sin agua es tan antiguo como el embalsamamiento en sí. No lo inventó la Dodge, ni Don Sawyer ni tampoco el autor de éste libro. Tampoco lo inventó el mentor de Sawyer, Ray Slocum, aunque fué el que comenzó con el auge de embalsamar un cuerpo a puro líquido y sin agua. Si se fijan bien éste procedimiento, adaptado por algunos y criticado por otros, es mencionado en el libro de Strub & Frederick en el 1958 en donde indica el uso de formalina sin agua para los casos descompuestos o para aquellos que parecen no tener remedio.

Desde muy temprano en las Ciencias Mortuorias los operadores se percataron de que el agua es un “mal necesario” que no preserva sino que en algunos momentos se convierte en nuestro enemigo. Lo cierto es que el término no es del todo correcto debido a que todos los líquidos de embalsamar contienen una alta cantidad de agua en sus fórmulas y nínguno es completamente “ahídro”. Ahora bien, ¿porqué un fabricante de químicos para embalsamar se obsesiona por avalar abiertamente el embalsamamiento sin agua cuando se ha comprobado científicamente que no es necesario? Mercadeo y ventas. Eso es todo.

La “mitología” del embalsamamiento “sin agua” ha estado rondando nuestra profesión durante muchos años. Sus mejores momentos los disfrutó durante los años 60,70 y 80 en donde el seminario de cuerpo presente era el método de rigor. Don Sawyer con la Dodge fueron sus mejores propulsores y hasta cierta manera los únicos que se arriesgaron a promocionarlo ampliamente en su revista y através de toda la nación americana en los famosos “Dodge Seminars”. Recuerden una cosa: en nuestra profesión no ocurre nada que valga la pena y para lograr atraer público tenían que ofrecer un espectáculo fuera de lo común. ¿Para qué rayos vamos a ir a un seminario en donde embalsamen un caso rutinariamente? De eso ya estamos cansados. Lo que queremos ver es un show y Don Sawyer era el “mago” que lo proveía magistralmente. Recuerdo la primera vez que ví un “waterless embalming” (como se le llama en inglés), sentado en la parte de atrás mientras presenciaba con la boca abierta al mago Sawyer (que en la vida real sí es un mago!), inyectar más de 25 botellas en una ancianita que apenas pesaba 125 lbs. sin que se deshidratara. Bueno los más listos se percataban de que era prácticamente lo mísmo que habían estado haciendo durante toda su carrera con la única diferencia que Sawyer sustituía el agua de la pluma por otra agua “disfrazada” y mucho más costosa: los co-inyectores. La cuestión es que todo el mundo salía entusiasmado del seminario a practicar lo aprendido hasta que se dieron cuenta que era muy costoso y completamente innecesario. Se pueden obtener resultados similares con tan solo reducir el agua y subir la concentración de arterial tal y como se menciona en éste libro varias veces.

Lo cierto del caso es que las ventas de co-inyectores Dodge para los 80’ rompieron todos los records de ventas y al menos ahora la gente sabía la importancia de cada químico accesorio. De alguna manera tenían que convencer al público de la importancia de los mísmos ya que ciertos embalsamadores antiguos decían que eran totalmente innecesarios. Aunque el embalsamamiento sin agua continúa sonando un poco por ahí, ahora es tan solo un murmullo de una gloriosa época de la Dodge y con el retiro de Sawyer y la llegada de nuevos demostradores en unión a que ya no se permiten cuerpos en los hoteles para seminarios al estilo de antes, la era del “waterless” parece haber llegado a su fín.

Ahora bien, la pregunta correcta sería: ¿funciona o no funciona? Pues claro que sí ! La pregunta más acertada sería: ¿es necesario? Honestamente creemos que no y tampoco es práctico para nadie gastar 25 botellas en un caso. Los líquidos tienen agua y por lo tanto el supuesto embalsamamiento sin agua es una falacia. Este tema lo presentó el Sr. Jim Bedino de la Champion y al menos nos convenció más allá de toda duda que el procedimiento en cuestión es totalmente innecesario. Si examinan el capítulo 11 de éste libro encontramos que la formalina y los químicos comerciales se componen de 2 terceras partes de agua ya que la cruel realidad del gas de formaldehído es que tiene que  disolverse en agua para crear la formalina que nosotros inyectamos. Por consecuencia el mero hecho de  sustituir el agua del acueducto por un montón de botellas de líquido no elimina el agua del proceso ni tampoco presenta un diferencia notable en casos “normales” ni de mediana dificultad. No obstante podemos asegurar que en los casos descompuestos se puede observar su efectividad y diferencia. Incidentalmente ocurre lo mísmo cuando reducimos notablemente la cantidad de agua e inyectamos un arterial de alta potencia acompañado de un buen anti-coagulante y corrector de agua. Por esa sencilla razón es que las demás compañías nunca adoptaron ni recomendaron dicho proceso.

Otro dato curioso que muchos ni siquiera se han percatado es el hecho de que cuando sustituimos el agua por co-inyectores el requisito de arterial aumenta considerablemente. Esto se debe a que al sustituir el agua por co-inyectores compuestos de correctores de agua, amortiguadores de pH, humectantes y sales relajantes la cantidad de arterial tiende a duplicarse debido a que usted está preparando una solución masivamente neutralizada por la aplicación exagerada de aditivos arteriales evitando que el arterial pueda funcionar efectívamente en cantidades normales ! ¿Qué les parece? Estoy seguro de que nadie les había dicho eso ...  La cantidad de arterial tiene que aumentarse drásticamente para lidiar con la neutralización de los co-inyectores. Dice Jim Bedino que esto es similar a conducir su automóvil con la emergencia puesta. Usted utiliza una cantidad exagerada de químicos para embalsamar pero necesariamente eso no lo lleva a ningún sitio, ni más rápido ni más efectivo que utilizando agua durante el embalsamamiento. 

En los casos clasificados como realmente “difíciles” se puede apreciar una diferencia porque el requisito de formaldehído es tan alto que cualquier reducción de agua, por más insignificante que sea, es beneficioso. En otras palabras; a menos que no sea un caso que realmente lo amerite el “waterless” es totalmente innecesario aunque seguimos insistiendo que con tan solo reducir el agua y aumentar la concentración de arterial sería suficiente. Otra solución sería intentar los nuevos productos New Era de Champion que tan solo contienen 5% de agua y examinar sus resultados. Lamentablemente a sobre $125.00 la caja tampoco es una solución económica.

Lo próximo a discutir sería como debemos tratar los casos difíciles sin utilizar el “waterless”. En éste libro ya se detallan algunas soluciones en los capítulos 7 y 9 respectívamente y hablan de reducir el agua y aumentar la cantidad de arterial “especial”. En éstos casos una pre-inyección sería totalmente innecesaria porque tan solo añadiría más agua al tejido y eso no es bueno. Comenzaríamos con 1 botella de Hydrolite/Rex 36, 1 de Calsec y 1 de Sofner. Estos productos se presentan a manera de ejemplo y usted los puede sustituir por la marca que desee. Complete hasta un galón con agua si el caso es de mediana dificultad, o hasta ½ galón con agua si el caso es extremo. Durante la segunda inyección aumente la concentración de arterial a 24oz. y doble la cantidad de co-inyectores hasta completar un galón con agua. Para la tercera y última inyección aplíque el reductor de edema si es necesario. Si el caso no responde a las primeras 2 inyecciones, elimine el agua por completo e inyecte químicos solamente. Pretender embalsamar estos casos con 2 botellitas en 2.5 galones de agua tal y como hace la mayoría de ustedes es completamente absurdo e incorrecto. Recuerden terminar con una buena aspiración  y tratar de retardar la mísma por el mayor tiempo posible. 48oz. de un cavidades fuerte tal y como el Nitrol sería suficiente. Es recomendado re-aspirar las cavidades y re-inyectar al menos 16oz adicionales de ese “cavity” en unión a 8oz. de  San Veino o Saturol.

Lamento haberlos despertado de la fantasía del “waterless” pero las investigaciones no fallan y todas las pruebas apuntan a la poca validez de ese procedimiento, no obstante tenemos que darle mérito a Don Sawyer por habernos dejado un legado de sabiduría a todos los embalsamadores del siglo 21.